Lágrimas en los ojos
De nuevo esta mañana, en el silencio del tren, los ojos se ahogan en lágrimas mientras los periódicos escupen las frases de horror. Londres está de luto, y yo con ella.
Cuando parecía que la calma volvía, cuando el sueño de nuevo buscaba su hueco en mi asiento del tren, cuando el paso por Santa Eugenia ya no me hacía llorar, hoy de nuevo hago esfuerzos en el tren para contener las lágrimas.
Intento leer las borrosas páginas del periódico. Me dice que hay muertos, heridos, mutilados, montones de cuerpos, miedo, pánico, humo, bombas.. y me pregunto qué puede ser peor.
Sin sangre en televisión
Para aliviar el dolor, me sorprende encontrarme con la ética que los medios de comunicación londinenses están aplicando al asunto.
Me tranquiliza que por respeto, por educación y por cohesión, los medios no saquen fotos ensangrentadas, restos humanos o cosas peores.
Y a la vez me trae la vergüenza de cómo en España cualquier gota de sangre es foto de portada, cómo las imágenes más escandalosas tardan un minuto en dar la vuelta al mundo, cómo el morbo empuja a mostrar unas imágenes en televisión, prensa e Internet, sin detenerse a pensar, sin ningún tipo de miramiento.
Indefensos
El mundo entero está ahora bajo el temor de estos malnacidos. Lo llevarán mejor o peor, lo podrán ocultar o ignorar, pero estará ahí.
No veo forma de detener esto, los atentados no dan lugar al diálogo, y en esta guerra de políticos y petróleo, los peones humanos caemos fulminados en uncharco de sangre por el bien de nuestros gobernantes.
Responsables
La culpa del atentado está clara. La responsabilidad, de políticos y gobernantes, también. No me valen los mensajes de condolencia y las caras afligidas. Estos ataques son motivo de una política exterior errónea y hay que frenar la actuación.
Como perros
Los perros no piensan, actúan condicionados por la circunstancia actual. Si a un perro le arrinconas, lo único que puede hacer es atacar. A estas alturas yo me pregunto, ¿es necesario hacer que el perro se sienta así? ¿Acaso creemos que tenemos más razón que el perro? ¿Pretendemos imponer nuestra razón, nuestro sistema y nuestra verdad? ¿Es ese el problema? ¿Quién es el malo?